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La ansiedad tiene efectos sobre nuestro trabajo

La ansiedad tiene efectos sobre nuestro trabajo

En esta serie de recientes posts, estamos viendo cómo de importante es hablar con nuestra pareja y con nuestros hijos, cada vez que notamos los síntomas de los ataques de ansiedad.

Hemos razonado que compartir nuestra situación con aquellos que nos quieren y a quienes queremos es todo lo contrario a quedarnos el mal para nosotros mismos.

Los síntomas de ansiedad se hacen más llevaderos si nos rodeamos de personas que nos comprenden y saben por lo que estamos pasando.

De algún modo podríamos decir lo mismo de nuestros compañeros del trabajo.

Ya sé que en nuestra oficina, en nuestro lugar de trabajo, etcétera, nuestros compañeros y compañeras no tienen por qué ser nuestros amigos. Y, a veces, el estrés laboral es precisamente el que causa nuestros ataques de ansiedad.

Sin embargo creo que puedo plantearte razonablemente lo siguiente:

Es más que probable que tengas una buena relación de confianza con alguno o algunos compañeros de tu trabajo.

Es más que probable que tú mismo/a hayas ayudado en el pasado a alguno de tus compañeros de trabajo.

En ese caso, y dado que vas a tener que recibir tratamiento para la ansiedad durante algunas semanas, y no siempre podrás quedarte en casa, vas a tener que buscar la ayuda de estas personas que te rodean en el trabajo.

La gente no es tonta. La gente entiende cuándo alguien está enfermo.

Siempre tienes el derecho a reservar la información que tú quieras sobre tu vida. Y, por tanto, tienes todo el derecho a no tener que decirle a nadie por lo que estás pasando.

Pero, imagínate este ejemplo: un día, te subes a una escalera en casa, para limpiar una lámpara. Caes al suelo y te fracturas un hueso del brazo. Acudes al hospital y te vendan y enyesan el brazo.

Al día siguiente acudes al trabajo con el brazo escayolado y no puedes escribir con un bolígrafo.

Todo el mundo entenderá que esos días nadie debe pedirte nada que debas hacer con el brazo roto porque, precisamente, está roto. Y nadie verá con malos ojos que, mientras te estés recuperando, no hagas ese trabajo concreto. Podrás hacer otros, desde luego.

En el caso de la ansiedad, cuando yo he sufrido ataques de pánico de forma regular, me ha pasado algo parecido al ejemplo:

Tuve ataques de pánico, acudí al médico, recibí un tratamiento y compartí, con mis compañeros de trabajo, que estaba enfermo y que entendieran que mis ánimos, mi humor y mi disposición estaban algo mermadas.

En absoluto dejé de trabajar. Pero hice mi trabajo de forma más reposada.

Como mis compañeros sabían lo que me pasaban, respetaron mi buena disposición y a menudo me preguntaban por mi estado. Se interesaban por mí.

La comprensión de mis compañeros de trabajo ayudó a quitar mi ansiedad.

En fin, es una recomendación que hago, en base a mi propia experienca. Otras personas tendrán otras cosas muy interesantes que decir.

Recibe un saludo. Y mucha suerte.

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