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El miedo irracional puede ser un síntoma de ansiedad

El miedo irracional puede ser un síntoma de ansiedad

Para concluir con la serie de posts dedicados a los síntomas de ansiedad, hoy explicaremos qué síntomas son los más evidentes, por el mero hecho de que las demás personas los pueden observar. Son los observables a nivel motor.

Estos síntomas, todo hay que decirlo, son indicativos de un estado de estrés y de nervios muy prolongado en el tiempo. Tal vez sean los síntomas que menos tengan que ver, directamente, con un ataque de ansiedad, pero sí los que nos avisan de que un ataque está cerca.

La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAE) dice que estos síntomas son:

  • Evitar las situaciones temidas, como en el caso de las fobias, aunque no se deben confundir con la prudencia o la cobardía.
  • Desplegar compulsivamente una serie de comportamientos tales como fumar, comer o beber en exceso
  • Sufrir de lo que se denomina una “intranquilidad motora” incontrolable, con movimientos repetitivos tales como rascarse, tocarse, etc
  • Deambular de un lado para otro sin una finalidad concreta
  • Tartamudear, cuando se quiere decir algo
  • Tener ganas de llorar, sin venir a cuento
  • Quedarse paralizado (petrificado) en un momento imprevisto

Estas situaciones pueden darse en cualquier momento y, como siempre digo, no tienen por qué implicar necesariamente estar padeciendo ansiedad.

Pero, incluso si es así, estas situaciones no suelen darse en una crisis de ansiedad, sino previamente.

Ya hablaremos de este tema más adelante, pero los ataques de ansiedad no son sino una manifestación de algo que subyace y que viene afectando a uno durante mucho más tiempo.

Los ataques de ansiedad no vienen por que sí.

Así que meses antes de padecer mi primer ataque de ansiedad, y por el motivo de un estrés laboral desmesurado y de un fuerte desengaño amoroso, yo sufrí diversos de estos síntomas de ansiedad.

En mi caso concreto, tenía una sensación general de acobardamiento y de no querer ir a trabajar.

También empecé a fumar y a comer de forma compulsiva. Comía sin tener apetito, y fumaba sin tener ganas de hacerlo. Pero hacía ambas cosas como para conseguir una gratificación inmediata.

Sentí durante meses unas fuertes ganas de llorar de tristeza. Generalmente las contenía, porque creía que iba a ser ridículo que lo hiciera. Lo atribuí a la sensación de luto tras el desengaño amoroso.

Finalmente, tuve mi primer ataque en 2002. Fue por sorpresa y no sabía qué me estaba pasando ni por qué razón.

A lo largo de estos años he vuelto a tener estos síntomas. Sin embargo ya me volví veterano. Me enseñaron a detectar estos síntomas y a bendecirlos porque ello me ha ayudado a modificar mi comportamiento a tiempo.

En resumen, detectar estos síntomas ayuda a prevenir males peores. Así pues, cuando he vuelto a tenerlos, no me he entristecido. Simplemente, me he preparado pacientemente para “bajar las revoluciones” vitales y esperar a que la ola me sobrepasara.

Y lo cierto es que, finalmente, cada vez he ido teniendo menos y menos ataques de ansiedad. Y sin necesidad de tantos medicamentos ni tratamientos. Eso sí, siempre siguiendo la supervisión médica en todo este tiempo.

Así que si algún amigo o amiga, compañero de trabajo, familiar o tu pareja te dicen que estás teniendo alguno de los comportamientos anteriormente indicados, tómalo como un potencial síntoma de ansiedad. Aminora la marcha y verás cómo te encontrarás mejor.

Espero que te haya servido este post.

Un fuerte abrazo.

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